lunes, 16 de abril de 2018

De la Pirámide al modelo Casette: continua el despiece de la Atención Primaria


Una vez que los modelos de estratificación han dado de sí todo lo que podían dar para el bien del paciente (es decir, nada), la imparable maquinaria de la invención de ocurrencias en servicios sanitarios acaba de lanzar su última novedad para continuar con el despiece de lo que un día se llamó Atención Primaria: se llama “segmentación”, y procede del sistema nacional de salud inglés, cada vez más alejado de lo que un día fue la referencia como sistema nacional de salud.
El intermediario es,en este caso el Nuffield Trust, que al igual que el Kings Fund se han convertido en simples cajas de resonancia y justificación de las políticas conservadoras británicas. Dicha institución acaba de publicar un papel cuyo título es Divided we fall ( divididos fracasamos), y probablemente el título ya incluye la conclusión, aunque ésta no sea precisamente lo que defienden sus autores.
El informe no oculta el objetivo de Jeremy Hunt, el máximo responsable sanitario británico, con la medida: reducir la presión en los hospitales, por si a alguno/a le quedaban dudas sobre donde está el centro del sistema.
El argumento que justifica esta nueva forma de estratificación horizontal ( que completa la iniciada con las pirámides Kaiser Permanente y su bonito sistemas de castas ciudadanas) es aceptar el hecho de que hay gente que quiere que le atiendan aquí y ahora, según sale del bar y antes de ir a casa, y que no puede esperar a ser citado por su médico general cuando haya un hueco. El antecedente del modelo , como suele ser habitual, está en Estados Unidos, imparable máquina de difundir innovaciones desde el sistema más ineficiente del mundo. Allí se implantaron hace años las “Minute clinics” en lugares comerciales, y que el NHS ya implantó a finales de los 90 con las llamadas “walk in clinics”, dispensarios instalados en centros comerciales y estaciones de transporte como una forma de aumentar la accesibilidad ddel insaciable consumidor al sistema sanitario. Rebecca Rosen, autora del informe del Nuffield, reconoce que no hay evidencia hasta la fecha de que dicha iniciativa mejore resultados respecto al modelo clásico de atención, pero eso no es impedimento cuando de lo que se trata es de construir un nuevo modelo acorde de las expectativas generadas en el siglo XXI.
Según el modelo propuesto por el Nuffield para facilitar la implantación de la estrategia de segmentación del gobierno británico es preciso dividir a cada cupo de medicina general  en tres sectores que conforman una bonita imagen similar a los antiguos "casettes": por un lado estarían los pacientes con problemas menores (una conjuntivitis, un catarro) buena parte de los cuales puede ser atendidos en cualquier lugar incluso sin contacto directo: para eso está el bonito Skype y el popular WhatsApp. Un segundo segmento ( horizontal, por dios, no confundir con el segundo escalón de la pirámide sagrada) estaría constituida por las exacerbaciones de enfermedades ya existentes, síntomas indiferenciados o sin explicación médica o lo que Rosen llama “ansiedades sanitarias” : para ellos el nuevo sistema debería ofrecer “episodios de continuidad”, tecnología monitorizadoras del trastorno ( si es que se encuentra), o incluso el anticuado modelo de ser atendido por  un médico de forma regular. Por último están los que Kaiser Permanente situaba en la cima de su pirámide y el Nuffield en el lado derecho de la  casette ( según se mira): los que sufren enfermedades complejas y múltiples para los que lógicamente se necesitan equipos multiprofesionales con todo tipo de expertos.
Es obvio que  “el modelo  cassette” rompe con la continuidad en la atención que constituye posiblemente el instrumento más importante de la Atención Primaria, y así lo reconoce la propia Rosen. Pero es un problema menor ante el hecho incuestionable de que “ las consultas cara a cara con un médico es considerada cada vez más como un enfoque equivocado a las necesidades clínicas, en un momento en que las consultas a través de los nuevos medios tecnológicos con una variedad de profesionales se erigen en nuevas formas de valoración y tratamiento”. Incluso para reducir los efectos negativos en la continuidad proponen "una forma más integrada de segmentación que aúne el acceso inmediato con el “generalismo médico”, la forma con la que Rosen se refiere a la continuidad.". 
Este despropósito de modelo ( separar para luego intentar integrar) no aborda el problema de fondo: que faltan médicos generales y que cada vez más éstos abandonan la profesión hartos de la forma de trabajo existente.
La nueva ocurrencia no sería más que una anécdota si no fuera porque en ella subyace la mayor amenaza a la Atención primaria y , en definitiva , a los sistemas sanitarios basado en la solidaridad, de lo que hablaremos en el próximo post.
Y también porque muy posiblemente, los entusiastas de la innovación sanitaria, distribuidos en todas y cada uno de los servicios de salud probablemente pronto comiencen a defender las bondades del nuevo modelo, incluso con la  realización de congresos “segmentarios”.

domingo, 8 de abril de 2018

La excepción española


¿Subiría a un avión sabiendo que el comandante y el segundo no han recibido ningún curso de actualización desde que obtuvieron la licencia?
El transporte aéreo es uno de los medios de locomoción más seguros del mundo a pesar del volumen descomunal de desplazamientos que se realizan diariamente. Las razones de ello son tan diversas como la cadena de incidentes que deben alinearse para producir un accidente aéreo, como tan gráficamente expuso Reason. Pero junto a la mejora de la seguridad de las aeronaves, los sistemas de alerta, la sistematización de procedimientos , el diseño de alternativas ante cualquier tipo de fallo en el funcionamiento o la mejora del control aéreo, sin duda la gestión del recurso humano, el último decisor ante una emergencia, es clave.
Un piloto no sólo debe realizar de forma regular actividades formativas de actualización de conocimiento y habilidades, sino que periódicamente debe realizar “cursos de refresco” para mantener actualizado su conocimiento ante cualquier eventualidad que pueda producirse en vuelo en la aeronave que pilota, aunque lleve años pilotando la misma.
El ejercicio de la medicina tiene una diferencia radical con respecto a pilotar aviones: la suerte del médico no está nunca ligada a la de sus pacientes, lo que si ocurre entre pilotos y pasaje. Quizá por ello él es el primer interesado o interesada en estar adecuadamente preparado, en conocer con todo detalle cada aspecto de su funcionamiento, en haber ensayado una y mil veces la actuación ante una incidencia.
A diferencia de la aviación, un médico español no está obligado a mantenerse actualizado, a pasar ningún tipo de control sobre sus conocimientos y habilidades desde que obtiene su título de licenciado en medicina y cirugía. Algunos lo hacen, otros no.Con mucho esfuerzo la aplicación del sistema MIR consiguió un hito admirable: que para ejercer una determinada especialidad hubiera que haber alcanzado el título de especialista en la misma. Parece algo de Pero Grullo pero desde el franquismo y durante muchos años la profesión pudo realizar cualquier tipo de actividad médica con el simple título de licenciado.
A diferencia del transporte aéreo, donde al cambiar de aeronave un profesional debe realizar un curso específico para poder trabajar, en el sistema sanitario público del que tanto presumimos es posible que un profesional de enfermería comience a trabajar en Atención Primaria sin recibir ninguna formación específica: ya se sabe que en AP trabaja cualquiera. De la misma forma un especialista en pediatría que lleve toda su vida trabajando en hospital puede trabajar en Primaria sin curso de refresco alguno: no hace falta. Trabajar en urgencia solo precisa de la titulación en alguna especialidad; la antigüedad en el sistema, la demanda de profesionales y lo atractivo de la plaza es la que determinará que una vacante se ocupe, no la adecuación al puesto.
Ningún país desarrollado realmente permite que un profesional en quien se delega algo tan importante como la atención a personas enfermas no deba someterse periódicamente a una valoración de sus conocimientos, sus habilidades y sus actitudes para realizar adecuadamente su trabajo. Como comentábamos en el trabajo de Glonti et al, tanto Reino Unido como Alemania, dos países con sistemas sanitarios muy diferentes, exigen a sus profesionales revalidar su capacidad para el ejercicio profesional; incluso en un sistema de provisión como el alemán, donde la mayor parte de la provisión es privada, un médico general puede ver reducidos sus ingresos si no acredita haber realizado actividades de formación continuada teóricas y prácticas en los últimos cinco años, e incluso perder la licencia para poder ejercer.
Al igual que ocurre con tantas otras miserias que se arrastran siglo tan siglo, en España hay situaciones que nunca tendrán arreglo: de la misma forma que no es posible (40 años después del inicio de la reforma en AP) que existan departamentos de Atención Primaria o medicina de familia, seguiremos sin garantizar a la población que los profesionales que les atienden se encuentran adecuadamente actualizados. Nadie tiene interés en cambiar el status quo: ni la administración (que mientras los barómetros de satisfacción sean aceptables, para qué cambiar nada) , ni los profesionales (para las que el error propio no existe), ni mucho menos para sus representantes sindicales o profesionales, incapaces de establecer un sistema de recertificación en 40 años.
Pero puesto que el resto de los países sí los tienen, cabría preguntarse si algún tipo de dios magnánimo nos ha otorgado la capacidad de que carece el resto del mundo: la de mantenernos permanentemente actualizado por abducción celestial.

jueves, 5 de abril de 2018

La formación y el ejercicio de la medicina general en tres países europeos: similitudes y diferencias


(Comentario a partir del post publicado ayer en Gaceta Sanitaria)
 
Las diferentes condiciones para el ejercicio profesional, la falta de oportunidades en el país de origen y la diferencia en la cuantía de las retribuciones, vienen determinando un creciente trasiego de profesionales de la salud entre los diferentes países de Europa, que recuerda al existente en las terminales de aeropuerto en que viajeros de todo el mundo vienen y van.
La Directiva Europea 2005/36/EC reguló algunos requisitos que los profesionales de la medicina deberían tener en materia de formación, pero la ausencia de estandarización de los mismos ha generado una creciente preocupación en diferentes Estados europeos respecto a si los profesionales que se incorporan a sus servicios cumplen las condiciones mínimas para poder prestar un servicios con la calidad y seguridad suficiente para los pacientes. La alarma social generada por el caso de la Dra. Bawa –Garba en Reino Unido es prueba de ello.
El trabajo de Glonti et al en Gaceta Sanitaria explora aspectos relacionados con la formación de grado, postgrado en medicina general/ familiar, y el propio ejercicio profesional en Atención Primaria de tres países europeos: Alemania, Inglaterra y España. Obviamente no son representativos del conjunto de la Unión Europea, pero aporta una visión panorámica de las similitudes y diferencias existentes en los dos grandes modelos de sistemas sanitarios europeos (de seguro social en el caso germánico, o de sistema nacional de salud en los casos británico y español).
En los tres existen dilatados currículos para alcanzar el grado en medicina (a diferencia de modelos como el americano o canadiense donde no superan los 4 años, y una formación específica no menor de 3 años para poder ejercer la medicina general: incluso en el sistema con menor duración de ésta (Inglaterra) se escuchan voces favorables a su ampliación a 5 años dada la complejidad del trabajo en Atención Primaria (AP). Es un aspecto destacable ante las voces que, aunque muy minoritarias vuelven a cuestionar la necesidad de formación especializada para ejercer en AP.
Por el contrario, donde España sigue siendo muy diferente es en la ausencia de formación continuada de carácter obligatorio, y en la necesidad de recertificación periódica para poder continuar ejerciendo la práctica de la medicina general. La realidad española, que permite que un profesional de la medicina pueda jubilarse sin haber realizado ninguna actividad formativa ni proceso de verificación de sus conocimientos desde que terminó su grado, resulta inadmisible e inimaginable fuera de nuestras fronteras. En ese sentido España aqueja el síndrome de Carlos Henríquez "Kaiser", el asombroso jugador de fútbol brasileño que militó en Botafogo, Vasco de Gama, Flamengo,Bangú, América, El Paso, Puebla, Independiente y Acaccio sin jugar un solo minuto. Al igual que el "kaiser" un médico español puede pasar desapercibido durante años sin que nadie evalúe su competencia.
Por lo demás, en los tres países los médicos y médicas que trabajan en AP se enfrentan a similares retos: envejecimiento de la población, multimorbilidad, exigencias crecientes de la ciudadanía, incremento desproporcionado de la actividad burocrática y poco tiempo disponible por paciente, donde de nuevo España figura en el furgón de cola con apenas 5-7 minutos por paciente frente a 10 de Inglaterr,a o 9 de Alemania: incluso en este último país donde los médicos tienen un incentivo especial para ver pacientes ( pago por acto) el tiempo es mayor que en España.
El trabajo fue elaborado ante la votación sobre BREXIT. La decisión de abandonar la Unión Europea genera un escenario de enorme incertidumbre respecto a las garantías y limitaciones para el ejercicio de la medicina general en Reino Unido de profesionales de la Unión Europea, aspecto muy relevante dada la necesidad que tiene el National Health Service de disponer de un elevado número de médicos extranjeros (10% del total y 6,2% de los General Practitioners) para poder dar la cobertura sanitaria necesaria a sus ciudadanos.