"Los médicos
y enfermeras de atención primaria somos especialistas de lo frecuente. Y no hay
nada más frecuente que la muerte”
Juan Gervas
La
mejor forma de conocer el funcionamiento de un sistema sanitario es ser paciente,
o en su defecto acompañar a un paciente en el deambular por centros, servicios
y estancias.
Me
ha tocado hacerlo estos días, en centros de la comunidad de Madrid buscando
ayuda para un conjunto abigarrado de problemas de mis padres cuya causa
ultima es simplemente la edad. Afortunadamente han vivido muchos años en
un estado de salud envidiable , pero en un determinado momento ese delicado
equilibrio que constituye el estado subjetivo de salud se rompe, y el cuerpo y
la mente que le acompaña dicen simplemente basta.
La primera conclusión del recorrido es dolorosa. La Atención
Primaria hace agua cada vez en más sitios: médicos que acuden a hacer avisos a
regañadientes, que han olvidado el hábito de tocar , de explorar un dolor
porque ya se sabe que con esos años todo es culpa de la artrosis y ésta ya no
tiene remedio. Médicos a los que no se les pasa por la cabeza pensar que tal
vez la causa del deterioro sea simplemente el atiborramiento de fármacos que
tiene el paciente, y al que contribuyen dando uno más para quitárselo de en
medio. Enfermeras que no existen . Que no aparecen cuando se las necesita:
responsables de realizar una labor esencial que en España es errática,
donde alternan algunos ejemplos de atención impecable y vacíos bochornosos. Sin
duda mucha responsabilidad de esto la tienen los políticos sanitarios ,
fascinados como tontos de baba por las tecnologías. Ignorantes y despreciativos
de lo que supone tener una buena atención primaria a la que han masacrado con
su estrangulamiento presupuestario, con su demagogia narcótica de prometer a
los ciudadanos que serán atendidos cuando y como quieran. Pero no tenemos menos
culpa los profesionales, los que hemos permitido el atropello, con el silencio
y la desidia. Los que nos hemos acostumbrado a la comodidad de la rutina y la
dejación de responsabilidades y esfuerzo.
La
segunda conclusión es esperanzadora. En los dos hospitales públicos que
atendieron a mi padre los profesionales siguen haciendo bien su trabajo. Lo
hace bien el medico de urgencia, el de la planta, la enfermera que pone
medicaciones y cuida, el celador que sube al paciente de rehabilitación, la
auxiliar que limpia con eficacia. Y no solo lo hacen bien, sino con cariño y
sensibilidad por la gente, por el señor que da gritos por la noche, y la
anciana que apenas habla. A veces con una broma, otras con una palabra de
ánimo.
Uno
de esos hospitales no tiene categoría de buque insignia de ningún servicio
sanitario. No hace transplantes de diencéfalo . No es el Clinic, ni La Paz ni
el Rocío. Es uno de los hospitales peor tratados por la Comunidad de Madrid,
líder destacado en ese tipo de lidia de acoso y derribo de lo público. Es el
hospital Carlos III, que un día amanece convertido en centro de aislamiento
para todo tipo de enfermedad infecciosa extraña, y al día siguiente se
reconvierte en hospital de atención a los pacientes crónicos que no quiere ver
nadie. Un hospital mermado de efectivos, aparataje y medios diagnósticos. Donde
los pacientes se mandan a la Paz en ambulancia en el turno de tarde porque no
se pueden hacer radiografías ( algo cuyo coste a nadie importa).
La
tercera conclusión es angustiosa. El sistema sanitario publico sobrevive como
puede a pesar de la asfixia a la que le viene sometiendo el gobierno de la
nación. Pero un país que envejece a pasos agigantados ignora y desprecia las
necesidades sociales de esa muchedumbre de personas que simplemente son
ancianas. Una trabajadora social competente y sensible nos informa de los
tramites necesarias para acogerse a la ley de dependencia; nos insiste en la
necesidad de hacerlo cuanto antes, porque su tramitación lleva mas de un año, y
quizá para entonces sea tarde. La estrategia
del gobierno respecto a esta ley ha sido especialmente miserable. No se deroga
una ley ( de la que dicen hipócritamente estar a favor), pero se cercena, en
presupuesto, en recursos, en derechos.
Pero
por debajo de todo esto subyace un problema aún mayor: la generación de un
monstruo construido de falacias: la que sostiene que viviremos más que nunca,
pero como si tuviéramos 20 años; la que difunde la idea de que la enfermedad y
la muerte no existen, porque siempre habrá un tratamiento para superarla o
evitarla.
Es urgente asumir de nuevo que la muerte y la
enfermedad forman parte consustancial de la vida. Asegurar a las personas poder
vivir los últimos años de su vida con una mínima dignidad. Y también poder
morir “saludablemente” como cuenta magníficamente Juan Gervas en este video .
Como él dice de esto no habla nadie. Pero es imprescindible hacerlo.
Nada como estar con algún paciente querido en un hospital para saber de defectos, flaquezas, desidias y soberbias.
ResponderEliminarTu post transcurre desde el dolor, pasando por la esperanza... a la angustia.
Sin embargo, sabemos que permaneces en la esperanza y de ella nos das una buena dosis periódica en tu excelente blog.
En cuanto a los videos de Gervás, he visto sólo el segundo, en el que habla de la muerte (es que no espero hijos ni nietos próximos). Me ha parecido magnífico y como "excelente", con esa sola palabra, lo he difundido en mi muro de Facebook. No hay en realidad más que añadir. Sólo invitar a verlo.
En esa entrevista, Gervás muestra su saber del modo más natural, un saber y una naturalidad que no abundan en nuestro medio.
He visto la entrevista hasta el final... y el final es un broche de oro a todo el estupendo contenido que lo precede.
Un abrazo.
Muchas gracias Javier.
ResponderEliminarHasta que no vivimos determinadas experiencias no nos damos cuenta de la verdadera realidad de las cosas.
Los videos de Gervas ayudan a poner cordura en un mundo que ha perdido el sentido de la proporción
Un abrazo
Amigo Sergio, siempre ilustrandonos en este caso desde la experiencia personal y familiar sobre los síntomas y enfermedades que nos pasan en el sistema sanitario. gracias por seguir haciendolo desde la sensated, y gracias por seguir alumbrandonos en este camino de la vida a la muerte... un abrazo
ResponderEliminarMil gracias a ti Jesús. Solo comparto mis angustias. Un abrazo
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